BUSCADOR DE CONTENIDOS

INFORMACIÓN A LOS USUARIOS.

Previamente al inicio de la visita a la Salina de Nuestra Señora de la Aurora, los usuarios dejarán constancia por escrito de haber recibido la siguiente información:

  • ITINERARIO A RECORRER: La visita se inicia en el Baluarte de San Ignacio, donde los participantes son recibidos por un monitor-guía que describe los antecedentes que justifican la visita, tras lo cual se inicia un recorrido a pie sobre una pasarela de madera, en dirección al reducto de San Pedro. En el Reducto de San Pedro, los participantes abandonan la pasarela, continuando por un sendero de tierra, paralelo a una ramificación del Caño de Sancti Petri, el cual, bordeando la Salina de Nuestra Señora de la Aurora, conduce hasta su interior.
  • MEDIDAS ADOPTADAS PARA PRESERVAR EL ENTORNO: Los participantes conservarán cualquier residuo que generen. Mensualmente, la agrupación de voluntarios culturales de la Fundación Legado de las Cortes limpia los residuos que la marea deposita en la salina.
  • CONOCIMIENTOS REQUERIDOS: Senderismo.
  • DIFICULTADES: Caminar por un sendero bajo el sol, sin aseos ni agua potable; los participantes deberán llevar vestimenta y calzado deportivo, protección solar y agua o refresco en abundancia.
  • COMPORTAMIENTOS A SEGUIR EN CASO DE PELIGRO: En caso de que alguno de los participantes se encuentre indispuesto, la actividad se dará por finalizada, regresando al punto de partida. En caso de que un participante no pueda regresar por sí mismo, los monitores guía y acompañante dispondrán una camilla para su transporte.
  • REQUISITOS FÍSICOS: Caminar por un sendero durante dos horas.
  • PATOLOGÍAS QUE DESACONSEJAN LA PARTICIPACIÓN EN LA VISITA: Las que impidan caminar por un sendero, con exposición al sol y a picaduras de insectos y plantas.
  • MEDIDAS DE SEGURIDAD PREVISTAS Y MATERIALES A UTILIZAR: Un monitor-guía va en cabeza del grupo y un monitor acompañante en la cola; los participantes nunca abandonarán el sendero. En caso necesario, el monitor-guía dispone de un botiquín de primeros auxilios, una camilla y un teléfono para contactar con una ambulancia.
  • PERSONAL DISPUESTO POR LA ORGANIZACIÓN: Un monitor-guía y un monitor-acompañante.
  • NÚMERO MÁXIMO DE USUARIOS: Veinte personas.
  • EDAD MÍNIMA DEL PARTICIPANTE: Los menores de edad deberán estar acompañados por un adulto.
  • COBERTURA DE SEGURO: Responsabilidad Civil General (601.012,10€ por siniestro, 300.000€ por víctima), Asistencia (Gastos médicos, traslado sanitario, fallecimiento o invalidez).

Rattus Norvegicus (Rata parda).

Rattus_norvegicus_1

La rata parda (Rattus norvegicus), también denominada rata china, rata noruega o guarén, es una especie de roedor miomorfo de la familia Muridae.​ Es una de las ratas más conocidas y comunes; está ligada a las actividades humanas y gracias a ello ha colonizado todo el mundo desde sus orígenes en China, siendo una verdadera plaga. Ha dado origen a las ratas albinas y otras variedades utilizadas por el hombre como animal de laboratorio.

Mide de 21 a 27 cm de longitud, la cola tiene de 17 a 22 cm y pesa de 280 a 520 g. El cuerpo es tosco y la cola cubierta de escamas en anillo; el manto es gris oscuro en el lomo. El hocico es más romo y las orejas más cortas que las de la rata negra.

Tiene hábitos nocturnos y es muy hábil en el agua, aunque, a diferencia de la rata negra no es buena trepadora. Excava redes de túneles y cuevas. Es omnívora, aunque prefiere los cereales, huevos, carnes y animales pequeños. Su oído y olfato son excelentes. Las hembras, tras una gestación de ventiun a veintitrés días, paren de seis a catorce crías ciegas y sin pelo. Tienen de dos a ocho camadas por año. Viven hasta tres años.

Es una especie gregaria, siendo cada individuo parte de un grupo jerárquico y disciplinado. Frecuentemente hay conflictos y a veces verdaderas guerras entre dos grupos.

Es originaria del sudeste de Siberia, noreste de China y algunas zonas de Japón,​ desde donde se extendió al norte de Europa a Norteamérica.

Se adapta a cualquier hábitat excepto al desierto y los glaciares. Comensal de los asentamientos humanos, prolifera especialmente en las grandes ciudades, en las alcantarillas, bodegas y establos, frecuentemente cerca del agua.

En las Islas Canarias, debido a su potencial colonizador y constituir una amenaza grave para las especies autóctonas, los hábitats o los ecosistemas, esta especie ha sido incluida en el Catálogo Español de Especies exóticas Invasoras, aprobado por Real Decreto 630/2013, de 2 de agosto.

Habitantes de la salina: Culebra bastarda (Malpolon monspessulanus).

Culebra bastarda 11.jpg

Se trata de la mayor culebra de la península ibérica, pudiendo alcanzar hasta 2’40 metros.

La cabeza es relativamente grande, estrecha y puntiaguda, los ojos, grandes, tienen una llamativa pupila redonda. Las escamas supraoculares prominentes, a modo de “cejas”, le confiere una “mirada amenazadora” que la hace inconfundible.

Su cuerpo es largo, con escamas grandes y en los ejemplares más viejos se aprecia un surco central desde el cuello a la cola.

La coloración del dorso es verde oliváceo uniforme y sin manchas. Casi todos los ejemplares adultos tienen detrás de la cabeza una zona oscura, casi negra.

Esta característica parece ser la que ha alimentado la leyenda de las “culebras con pelo”, al poder llegar a confundir esta mancha con un mechón de pelo.

La parte ventral es blanquecina o marrón muy claro con manchas oscuras.

Los juveniles y algunas hembras poseen una coloración verdosa o parda y un complejo diseño de manchas oscuras y claras.

Los machos suelen ser mayores que las hembras.

Su alimentación se basa en todo tipo de animales, siempre en función del tamaño del ejemplar; los juveniles consumen lagartijas, insectos y otros animales de tamaño pequeño y los adultos llegan a capturar ratas y otros roedores, aves medianas y otros de tamaño similar.

Al ser una especie ágil y veloz, su principal mecanismo de defensa es la huida, aunque si se siente acorralada emite unos potentes soplidos amenazantes, hinchando y levantando la región anterior mientras avanza hacia su atacante, llegando a morder a su agresor si esto no lo hace retroceder.

Es una especie opistoglifa, con los dientes inoculadores de veneno retrasados (en lo que serían nuestras muelas del juicio).

Esta posición de los dientes hace que no llegue a inocular el veneno en caso de morder y si lo hace, no tiene consecuencias para el ser humano, salvo casos de alergias, dada su baja toxicidad.

Su costumbre de tomar el sol sobre el asfalto de las carreteras, sobre todo en las horas o días con menor insolación, la convierte en uno de los reptiles más afectado por los atropellos.

Como otros ofidios, suele ser perseguida al achacarle daños a especies cinegéticas, por una falsa amenaza para el ser humano y otras leyendas provocadas por el desconocimiento.

Una desembocadura artificial.

  • Diario de Cádiz 17.06.2012.

Los orígenes del tramo final del actual curso del río Guadalete.

Una reciente investigación histórica atribuye a Lucio Cornelio Balbo el Menor la creación del actual curso del río Guadalete en su tramo final, una modificación que los historiadores sitúan en el 19 antes de Cristo.

Sitúese en la desembocadura del Guadalete. Por ejemplo, frente a la plaza de las Galeras, en el muelle del Vapor. El curso del río que ve a derecha e izquierda no lo creó la naturaleza, sino la iniciativa de un hombre, el gaditano Lucio Cornelio Balbo, el Menor, quien hacia el año 19 antes de Cristo mandó abrir en su espacio una ría artificial para establecer las infraestructuras del Portus Gaditanus.

El Puerto Gaditano fue el puerto de Gades que se fundó entonces al amparo de la política económica marcada por Augusto (27 a.C.-14 d.C.) por la que la aristocracia mercantil gaditana se dedicó a la explotación de las fértiles tierras que median entre las desembocaduras del Guadalete y del Guadalquivir. El Marco del Jerez. La Isla Cartare de Avieno.

Se convirtió entonces el Portus en uno de los puertos más importantes del Mediterráneo, exportador a gran escala, básicamente, de salazón de pescado, vino y aceite. Su principal destino, Ostia, el puerto de Roma. El territorio se vertebró a través de la Vía Augusta, creada al tiempo que el nuevo puerto, que en su primer tramo enlazaba Gades, el Portus Gaditanus y, junto a un estero de las marismas del Guadalquivir, Hasta Regia. En suelo portuense, en el Coto de la Isleta y junto a la laguna Salada -en el llamado de muy antiguo Camino de los Romanos- se reconocen los vestigios de la calzada. Una joya histórica que aún está por desvelar y por poner en valor en dos entornos en los que se aúnan naturaleza e historia. Ayuntamiento, póngase a la tarea.

A pico y pala

La obra que mandó hacer Balbo fue un canal -llamémoslo ‘Canal de Balbo’- en la playa, que entonces alcanzaba las inmediaciones de la calle Valdés, y unirlo a la madre vieja del Guadalete, que corría a espaldas del Coto de la Isleta, conectándose así el curso artificial con el cauce del San Pedro, que entonces era el Guadalete que desembocaba a la bahía en una ensenada junto a Puerto Real.

El espacio que ocupó el canal formaba parte del Manto Eólico Litoral que se extiende por la costa portuense. Estas arenas formaron la barra o flecha litoral del Coto de la Isleta-Valdelagrana, ya consolidada hace unos 3.800 años. De hecho, frente a la Unión Salinera hace años descubrimos -en compañía de José Antonio Ruiz y Lázaro Lagóstena- vestigios culturales de la Edad del Bronce con esa data, seguramente pertenecientes a un poblado estacional dedicado al marisqueo.

Por su propia naturaleza, las dunas, al avanzar impulsadas por los vientos reinantes, no saltan sobre un espacio no colonizado por las arenas, sino que van colmatando el terreno milímetro a milímetro. Si en su camino encuentran un río, poco a poco lo ciegan. Así hubiera ocurrido con la desembocadura del Guadalete de no haberse tomado medidas con las seculares limpias de su barra y el dragado de su cauce. Y también fijando las dunas con pinares a ambos lados del río.

Obras de mayor calado y dificultad que la que proponemos para la época de Balbo se realizaron en los cursos del Guadalete-San Pedro en la Edad Moderna, especialmente la apertura en 1721 del tramo recto de casi 4 km (a uno y otro lado del puente de la variante de Puerto Real) por el que hoy discurre -parece que desde siempre- el Guadalete. Si hace tres siglos pudo realizarse tan colosal obra, hace dos mil años la apertura del Canal de Balbo fue una obra menor para la todopoderosa ingeniería romana. Si nos permiten el uso del habla gaditana, casi un chapú.

Balbo, el fundador

Por inveterada tradición, se tiene por fundador de El Puerto de Santa María a Alfonso X, y es cierto que la ciudad que hoy habitamos es directamente heredera de su poblamiento a partir de 1264, tras la conquista cristiana de la alquería andalusí de Al-Qanatir. Pero también es verdad, y esto habitualmente se ha ignorado, que tuvo un primer fundador en la persona de Balbo el Menor. De hecho, el mayor símbolo que representa su historia, el que le dio la vida, la desembocadura del Guadalete, fue obra suya. Motivo que le confiere al gaditano ser el personaje más importante de la historia porteña. Su creador.

Lucio Cornelio Balbo, el Menor, nació en la vieja ciudad semita hacia el año 75 antes de nuestra era en el seno de una vetusta familia púnica enriquecida con el comercio marítimo. Su tío, Balbo el Mayor, consejero y banquero de Julio César, lo introdujo en las más altas instancias del Estado. Marcado con una personalidad arrolladora, junto a César y Augusto se fajó en mil batallas políticas y militares. El año 44, siendo quattorvir de Gades (la magistratura local más importante) desplegó una actividad edilicia en Cádiz que dos años antes había comenzado su tío. Crearon una ciudad nueva, la Gemela que refiere Estrabón, en los hoy barrios de El Pópulo y Santa María.

En marzo del año 19 a.C., tras una exitosa campaña de conquistas en el Norte de África, entró triunfante en Roma; al uso de la época, en cuádriga, aclamado por el pueblo y exhibiendo el botín conquistado. Sería entonces, en torno a los años 19-16, cuando fundó el Portus Gaditanus, que alcanzó su apogeo en el siglo I y la primera mitad del II. Tras la crisis que azotó al Imperio en el III, ya independizado de Gades, el Portum -como lo llama alguna fuente antigua- resucitó entre los siglos IV al VI, convirtiéndose en la principal población de la bahía.

Cuando dedujimos la existencia del Canal de Balbo, con el fin de conocer si nuestra hipótesis podía ser viable desde la ciencia geológica, nos pusimos en contacto con Francisco Javier Gracia y Carlos Alonso, investigadores, respectivamente, del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Facultad de Ciencias del Mar y Ambientales de la UCA, y del Centro de Arqueología Subacuática del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico. Cuál fue nuestra sorpresa -y también la de ellos- cuando comprobamos que, por distintos caminos, habíamos llegado a la misma conclusión: que la actual desembocadura del Guadalete no es el resultado de una evolución natural, sino una obra antrópica, artificial.

Más que una leyenda

Existe un documento -a nuestro juicio- excepcional, una reliquia histórica que durante siglos ha dormido el sueño de los justos. Es conocido, por publicado, pero creemos que su contenido -mal interpretado- no se ha enmarcado correctamente ni espacial ni cronológicamente. Pese a su brevedad, por su trascendencia debería ser considerado uno de los tres o cuatro documentos más destacados de la Historia de El Puerto, a la altura del Libro del Repartimiento (1268), la Carta-Puebla (1281), que es el documento fundacional de la población que hoy habitamos, o el decreto de 1729 por el que la ciudad se incorporó a la Corona. El documento es de mediados del siglo XII, y viene a ser, entreverado por la leyenda, otra ‘carta fundacional’: la del Portus Gaditanus.

En él se relata, en nuestra lectura, la obra de apertura del río en las arenas de la flecha litoral del Coto. Su autor es al-Zuhri, un geógrafo almeriense que en fecha indeterminada entre los años 1146-1161 estuvo en Cádiz, donde recogió de la tradición oral una leyenda que plasmó en su Libro de Geografía. Aun siendo un texto breve, no hay lugar en esta página que nos brinda Diario de Cádiz y Gente del Puerto.com para reproducirlo en su integridad, pero sí extraeremos este fragmento: “Pero la mujer del rey Sant Batar [San Pedro] dijo a su marido: “Si abrieras una puerta en la base de este monte [cerro de La Belleza], le entrarían al río, desde el mar, dos brazos; nuestro río seria aún mayor y se meterían en él los peces y atunes del mar”. Él le respondió:”No lo haré porque no quiero que nuestro país quede separado”. Ella entonces lo abandonó durante unos días hasta que le dio permiso para hacerlo. Ella mandó entonces a técnicos y operarios que abrieran la entrada por donde ahora entran los barcos y los cárabos entre Rota y Cádiz; pero cuando entraron las aguas y se juntaron con el río llamado Guadalete, crecieron hasta casi cubrir el puente” (el que al tiempo que la Vía Augusta se levantó, en seco, frente a la plaza de la Herrería).

Acabamos de terminar una monografía sobre el Portus Gaditanus que en breve (tocamos madera) verá la luz, El Puerto Gaditano de Balbo. Hoy, de momento, hemos querido compartir con nuestros conciudadanos el tiempo de cuando Balbo el Menor mandó abrir, a pico y pala, la desembocadura del río del Olvido.